Me imagino, todo en blanco y negro como en las películas, y a Paquita con su maleta negra, pañuelo blanco en la cabeza y tacones negros, falda por debajo de las rodillas… a su lado otra adolescente con tetas grandes cuyos pensamientos ni adivinaban que aquella ciudad desconocida se convertiría en su vida…
Paquita no se cansó del olor a madera de la carpintería, ni del vino, ni de las escapadas al viejo cine “Molineta” con Jesús, pero la situación era insoportable y la pobreza en la que se sumía la familia obligó a todos a irse a la próspera Cataluña, que decían…
Cuatro hermanos, cuatro ilusiones y una habitación de escasos metros para compartir sueños, lágrimas, bocadillos de atún y colchón…

En frente del mercado: la tienda, un almacén desordenado en el que se amontonan sacos de lentejas, arroz, caracoles frescos, aceitunas, papel higiénico raspante, aceite de oliva, espetec, y tomates frescos … Veo a Amando con unas patillas, a lo Peret y un delantal blanco viste a Paquita …
En la calle huele a café y a lejía mañanera, y las conversaciones en catalán se mezclan con el basto acento de andaluces y manchegos que caminan a sus puestos de trabajo…
Me imagino la tienda, el mercado, los viajes interminables de Barcelona a Albacete en tren, el frío, las comidas colectivas en grandes perolas para los cuatro, a los señoritos de la tienda, y más y más señoritos, porque durante sus vidas se esclavizaron para tratar de dar lo mejor a sus hijos…
Cambió el delantal de tendera por una cofia, para servir, esta vez a una burguesa catalana, y Loles de la mano, ya más crecidita, pero un buen día Jesús apareció de nuevo, con un ramo de flores y un elegante sombrero negro y se la llevó para siempre, y se la arrancó a la ciudad condal para compartir una vida de amor, valentía y barreras que los dos atravesaron…
Y los dos llegaron a viejitos, Paquita no aprendió catalán, ni se acuerda de los horarios de buses del Pueblo a Barcelona, tampoco aprendió a manejar muy bien la báscula, pero cuando le enseñé esta foto de Poble Nou se estremeció y por un instante me imaginé siendo Paquita
A mi vieja…






Además de la contaminación minera los vertidos también provienen de aguas servidas, la mayor parte de los centros urbanos esparcen sus desagües al mar, a los ríos y a los lagos donde van a parar excrementos, detergentes, petróleo y otras sustancias tóxicas que perjudican la fauna y flora.
Segundo punto fuerte y uno de los factores que sólo la educación y moral de cada ciudadano puede llegar a solventar. Es costumbre generalizada en el Perú verter las basuras a los costados de las casas, a las orillas del mar, por los barrancos de los ríos sin ningún tipo de reparo. No hay unas normas ni pautas de cuidado del medioambiente, mucho menos políticas de reciclaje. Nos augura una época de cambio climático, de impacto medioambiental y en la mano de todos los ciudadanos está armar una revolución y un cambio que nos devuelva a nuestras raíces y que deje de convertir a los ríos en el Coño de la Bernarda, donde entra y sale todo tipo de basura.
